Esta receta es insuperable:
Las alitas las hacemos al horno, en una buena bandeja de aluminio fundido, que debe estar bien caliente antes de poner las alitas. No hace falta ponerle aceite (sólo un poco de sal y pimienta antes de hornear). El horno, con aire, a 215 grados.
En 30 minutos suelen estar listas.
Mientras se hacen, 100 ml de agua, con un par de cucharadas generosas de miel y una cucharadita de mostaza a la antigua. Se calienta durante unos minutos, para que se derrita la miel. Cuando las alitas estén bien secas y crujientes, se pasan por la sartén, hasta que se evapore completamente el agua. Quedan impregnadas con una salsa viscosa -deliciosa!- que no se puede comparar con ninguna de las industriales a las que nos tienen acostumbrados los restaurantes de comida rápida. ¡Una locura!
Las alitas las hacemos al horno, en una buena bandeja de aluminio fundido, que debe estar bien caliente antes de poner las alitas. No hace falta ponerle aceite (sólo un poco de sal y pimienta antes de hornear). El horno, con aire, a 215 grados.
En 30 minutos suelen estar listas.
Mientras se hacen, 100 ml de agua, con un par de cucharadas generosas de miel y una cucharadita de mostaza a la antigua. Se calienta durante unos minutos, para que se derrita la miel. Cuando las alitas estén bien secas y crujientes, se pasan por la sartén, hasta que se evapore completamente el agua. Quedan impregnadas con una salsa viscosa -deliciosa!- que no se puede comparar con ninguna de las industriales a las que nos tienen acostumbrados los restaurantes de comida rápida. ¡Una locura!


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