TORRIJAS


La yaya María decía que no se puede saber si una torrija está bien hecha hasta que no se parte por la mitad. Con esta receta, tendréis unas torrijas muy húmedas, suaves y delicadas: las que le gustaban ella ❤.

Ingredientes para una barra de miga bien apretada, y cortada en rodajas de 3 o 4 cm:

Llevar a punto de ebullición 700 ml de leche entera, con dos cucharadas de azúcar, piel de naranja y limón, un palito de canela, y un pelín de pasta de vainilla (las recetas tradicionales suelen llevar mucho más azúcar, pero yo no creo que la necesiten). La vainilla no es imprescindible 😉.

Una vez que la leche rompe a hervir, se apaga y se deja infusionar, tapadita con un plato, hasta que enfría. Cuando tanto el pan como la leche están fríos (ver el truquillo del pan en el horno más abajo), y después de colar la leche, se ponen las rodajas en una bandeja profunda y se echa el líquido por encima (mi abuela decía que era muy importante que la leche estuviera fría porque, si no, el pan se deshace al freírlo).

El secretillo más importante está en el siguiente paso: dejar la bandeja en el frigo, tapada con film o papel de aluminio, toda la noche. Así el pan se empapa y, a la vez, adquiere la consistencia que necesita para freirse bien.

Sólo queda freír, a la mañana del día siguiente y después de pasar por huevo, en aceite de girasol no excesivamente caliente.

Nada más sacar las torrijas de la sartén, y aún con temperatura, rociar con azúcar y canela.

Truco: si el pan no es del día anterior, y todavía no está suficientemente seco: cortar y llevar al horno a 70 grados, con aire,  durante una hora (girándolo en la mitad del tiempo). Así queda como debe y absorve bien la leche.

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